sábado, 12 de noviembre de 2011

AUTOBÚS HACIA POKHARA / 21-08-2011

Nuevo madrugón. El despertador sonaba a las 5.30 de la mañana. Debíamos coger el autobús hacia Pokhara, que salía a las 7.00 horas, y antes llegar hasta el centro de Kathmandú desde Patan. Tardamos en encontrar un taxi ya que en Patan era día festivo, pero de repente vimos uno a lo lejos y corrimos hacia él.

Al llegar a la zona de autobuses había miles de puestos callejeros con ollas de café, pasteles y un sinfín de productos para desayunar. Aún estábamos occidentalizados y todos aquellos tenderetes nos provocaban náuseas, del mismo modo que no nos daban fiabilidad alguna. Sin embargo, veíamos a algunos turistas que llegaban y se tomaban un snack antes de partir. ¡Cómo los criticábamos! Todo ello sin saber, que pronto seríamos uno de ellos, al acostumbrarnos completamente al día a día del país.

El autobús no estaba mal del todo, teniendo en cuenta las limitaciones del país. El trayecto de unas siete horas venía acompañado de un paisaje precioso. Yo me llevé las tres primeras horas del viaje plantada ante la ventana, casi sin pestañear, disfrutando del paisaje.





 Las siete horas de trayecto apenas recorrían 200 kilómetros. Algo inconcebible en nuestra sociedad, pero viendo las carreteras del país era totalmente lógico. Cruzábamos riachuelos con el autobús, recorríamos carreteras con curvas incesantes de doble sentido e incluso atravesábamos ríos de piedras.

El trayecto incluía un par de paradas.  En una de ellas nos encontramos nuevamente a la pareja que estaba dando la vuelta al mundo y que conocimos el primer día.

- ¿Cómo lleváis el trayecto? Yo lo he hecho entero durmiendo, nos comentó el chico.
- Pues para nosotros es imposible dormir con el traqueteo del autobús. Además vamos disfrutando del paisaje.
- Esto es un autobús de lujo. Si supierais a los sitios a los que me he tenido que subir...

Y es que el autobús no paraba de dar botes (malas ruedas, trayectos por ríos y piedras...) a lo que había que sumar lo rudimentario y la poca higiene del mismo (tenía hasta garrapatas). Más adelante este autobús nos hubiera parecido verdaderamente de lujo. Pero nosotros aún nos encontrábamos en la etapa en la que nos daba asco de todo y cualquier cosa nos parecía incómoda. Nos acordábamos entonces de muchos familiares y amigos. Pensábamos que no habrían salido ni del aeropuerto. Sin embargo nosotros íbamos disfrutando. Todo lo hacíamos con una sonrisa porque gozábamos del día a día y de cualquier inconveniente. Aquellas experiencias estaban siendo un máster en nuestra vida y eso que apenas llevábamos un par de días en el país.

Al llegar a Pokhara nos encontramos con un mar de taxis, algo que sería habitual durante todo el viaje. Habíamos leído que no pagásemos más de 100 NPR por que nos llevasen al centro. Nos pedían 150 NPR aludiendo a que era la tarifa oficial de la estación. Nada nada eso no podía ser. Uno de los taxistas me hizo señas y me dijo: "Iros y pasar la siguiente esquina que seguro que alguna irá a por vosotros". Así hicimos. Precio final: 100 NPR.

Durante el trayecto buscamos en la guía referencia de hoteles. Así que buscamos dos o tres por la misma calle y allí nos dejó el taxista con nuestros mochilones. Nos quedamos en el primer hotel que vimos porque era fantástico y a muy buen precio. Así el taxista se fue, y con él, nuestra guía en el asiento trasero. Menuda faena porque llevábamos la guía más que trillada.

Decidimos disfrutar de la tarde paseando para hacernos con la ciudad y de repente. Un taxista nos pitaba. ¡Sorpresa! Era nuestro taxista que venía a devolvernos la guía que habíamos olvidado. Los nepalíes son un pueblo fantástico. Noble, dispuesto a ayudar y, sobre todo, generoso.

Así decidimos reposar en algún bareto y fue donde descubrimos el lugar donde compartiríamos muchos momentos inolvidables de risas y copas a lo largo del viaje: el Bussy bee. Es un bar con conciertos en directo y donde se reunían muchos de los viajeros de la ciudad. Ahí nos recontrábamos, cada noche que estuvimos, con nuestros compañeros de viaje por el trekking.



Llegaba la hora de descansar. Al día siguiente salíamos de trekking.

¿Recomendarías el hotel y el restaurante?


The Little Tibetan Guest House
Sin duda el mejor hotel en el que nos quedamos en todo el viaje. Una opinión compartida por varios españoles con los que coincidimos más tarde en Kathmandú y en Chitwan. Habitaciones amplias y espaciosas, limpias, con agua caliente, un balcón en la habitación con sus mesas y sillas, un amplio jardín como zona común. En definitiva, recomendable 100%. Siendo temporada baja tan solo conseguimos regatear 50 rupias por habitación (y eso que nos quedábamos tres días en total, entre los pre y post trekking, y solicitamos dos habitaciones). En total: 750 NPR.


Busy Bee
También lo recomendaría, pero sobre todo por el ambiente. Podrás coincidir con otros viajeros y con gente local. Conciertos con música en directo y buenos precios. Nosotros tomamos copas de ron con coca-cola, durante la happy hour, por 100 rupias.

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