sábado, 12 de noviembre de 2011

AUTOBÚS HACIA POKHARA / 21-08-2011

Nuevo madrugón. El despertador sonaba a las 5.30 de la mañana. Debíamos coger el autobús hacia Pokhara, que salía a las 7.00 horas, y antes llegar hasta el centro de Kathmandú desde Patan. Tardamos en encontrar un taxi ya que en Patan era día festivo, pero de repente vimos uno a lo lejos y corrimos hacia él.

Al llegar a la zona de autobuses había miles de puestos callejeros con ollas de café, pasteles y un sinfín de productos para desayunar. Aún estábamos occidentalizados y todos aquellos tenderetes nos provocaban náuseas, del mismo modo que no nos daban fiabilidad alguna. Sin embargo, veíamos a algunos turistas que llegaban y se tomaban un snack antes de partir. ¡Cómo los criticábamos! Todo ello sin saber, que pronto seríamos uno de ellos, al acostumbrarnos completamente al día a día del país.

El autobús no estaba mal del todo, teniendo en cuenta las limitaciones del país. El trayecto de unas siete horas venía acompañado de un paisaje precioso. Yo me llevé las tres primeras horas del viaje plantada ante la ventana, casi sin pestañear, disfrutando del paisaje.





 Las siete horas de trayecto apenas recorrían 200 kilómetros. Algo inconcebible en nuestra sociedad, pero viendo las carreteras del país era totalmente lógico. Cruzábamos riachuelos con el autobús, recorríamos carreteras con curvas incesantes de doble sentido e incluso atravesábamos ríos de piedras.

El trayecto incluía un par de paradas.  En una de ellas nos encontramos nuevamente a la pareja que estaba dando la vuelta al mundo y que conocimos el primer día.

- ¿Cómo lleváis el trayecto? Yo lo he hecho entero durmiendo, nos comentó el chico.
- Pues para nosotros es imposible dormir con el traqueteo del autobús. Además vamos disfrutando del paisaje.
- Esto es un autobús de lujo. Si supierais a los sitios a los que me he tenido que subir...

Y es que el autobús no paraba de dar botes (malas ruedas, trayectos por ríos y piedras...) a lo que había que sumar lo rudimentario y la poca higiene del mismo (tenía hasta garrapatas). Más adelante este autobús nos hubiera parecido verdaderamente de lujo. Pero nosotros aún nos encontrábamos en la etapa en la que nos daba asco de todo y cualquier cosa nos parecía incómoda. Nos acordábamos entonces de muchos familiares y amigos. Pensábamos que no habrían salido ni del aeropuerto. Sin embargo nosotros íbamos disfrutando. Todo lo hacíamos con una sonrisa porque gozábamos del día a día y de cualquier inconveniente. Aquellas experiencias estaban siendo un máster en nuestra vida y eso que apenas llevábamos un par de días en el país.

Al llegar a Pokhara nos encontramos con un mar de taxis, algo que sería habitual durante todo el viaje. Habíamos leído que no pagásemos más de 100 NPR por que nos llevasen al centro. Nos pedían 150 NPR aludiendo a que era la tarifa oficial de la estación. Nada nada eso no podía ser. Uno de los taxistas me hizo señas y me dijo: "Iros y pasar la siguiente esquina que seguro que alguna irá a por vosotros". Así hicimos. Precio final: 100 NPR.

Durante el trayecto buscamos en la guía referencia de hoteles. Así que buscamos dos o tres por la misma calle y allí nos dejó el taxista con nuestros mochilones. Nos quedamos en el primer hotel que vimos porque era fantástico y a muy buen precio. Así el taxista se fue, y con él, nuestra guía en el asiento trasero. Menuda faena porque llevábamos la guía más que trillada.

Decidimos disfrutar de la tarde paseando para hacernos con la ciudad y de repente. Un taxista nos pitaba. ¡Sorpresa! Era nuestro taxista que venía a devolvernos la guía que habíamos olvidado. Los nepalíes son un pueblo fantástico. Noble, dispuesto a ayudar y, sobre todo, generoso.

Así decidimos reposar en algún bareto y fue donde descubrimos el lugar donde compartiríamos muchos momentos inolvidables de risas y copas a lo largo del viaje: el Bussy bee. Es un bar con conciertos en directo y donde se reunían muchos de los viajeros de la ciudad. Ahí nos recontrábamos, cada noche que estuvimos, con nuestros compañeros de viaje por el trekking.



Llegaba la hora de descansar. Al día siguiente salíamos de trekking.

¿Recomendarías el hotel y el restaurante?


The Little Tibetan Guest House
Sin duda el mejor hotel en el que nos quedamos en todo el viaje. Una opinión compartida por varios españoles con los que coincidimos más tarde en Kathmandú y en Chitwan. Habitaciones amplias y espaciosas, limpias, con agua caliente, un balcón en la habitación con sus mesas y sillas, un amplio jardín como zona común. En definitiva, recomendable 100%. Siendo temporada baja tan solo conseguimos regatear 50 rupias por habitación (y eso que nos quedábamos tres días en total, entre los pre y post trekking, y solicitamos dos habitaciones). En total: 750 NPR.


Busy Bee
También lo recomendaría, pero sobre todo por el ambiente. Podrás coincidir con otros viajeros y con gente local. Conciertos con música en directo y buenos precios. Nosotros tomamos copas de ron con coca-cola, durante la happy hour, por 100 rupias.

domingo, 25 de septiembre de 2011

PLAZA DURBAR KTM- TEMPLO DE LOS MONOS- PATAN / 20-08-2011


Primer amanecer en Nepal. ¡Que noche más larga! Jamás pensé que el ‘jet lag’ podía ser tan real. Horas dando vueltas en la cama hasta que el aburrimiento me hizo dormir. Joserra había lavado la muda con la que había llegado al país asiático por si su maleta no aparecía, pero 12 horas después la ropa seguía igual. ¡Qué humedad se respiraba en el país! Así decidimos colgar con imperdibles la ropa en las mochilas (una auténtica guarrada teniendo en cuenta la polución reinante en Kathmandú).

Tras un mediocre desayuno decidimos adentrarnos por la ciudad, dispuestos a absorber toda la cultura del país. A pesar del schok experimentado el día anterior, la sorpresa y el desconcierto seguía entre nosotros. Pronto nos percatamos de que para disfrutar de este tipo de países es necesario llevar la mente muy abierta. Si no es así jamás se puede gozar de un viaje de este tipo.

Pronto fuimos a buscar la Plaza Durbar. Diez minutos a pie, en los que los locales vendían en sus tiendas sus productos, troceaban la carne de los animales a cuerpo completo, hacían collares de flores… Una maravilla de quehaceres diarios que nos impedían cerrar nuestras bocas. Estábamos ante un museo de la vida. Un museo de actividades cotidianas. ¿Quién dijo que viajar era ver monumentos increíbles o salas enormes con cuadros de incalculable valor? ¡Cuánto se aprende con solo ver el día a día de los nepalíes!







La Plaza Durbar (300 NPR), declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una plaza llena de templos. Paseamos durante horas, recorriendo las diferentes edificaciones religiosas y  disfrutando de la cultura hinduista.









El recorrido era más que asombroso. Además, los templos se sucedían y con ellos sus formas de culto. En un principio nos resultaron chocantes, aunque con los días nos hicimos a sus costumbres. Normalmente, a primeras horas de la mañana, las mujeres llevaban bandejas con ofrendas a sus dioses. Tomaban el mejunje preparado y lo pasaban por las distintas deidades y, a su vez, se colocaban un poco sobre sus cabezas. Este ritual era diario y constante y evidenciaba así todo aquel que había ido a rezar ese mismo día.





Nuestra siguiente parada era Swayambunath o el conocido como templo de los monos. La ascensión al templo por las enormes escalinatas nos pareció vertiginosa, una subida que días más tarde nos resultaría ridícula. Sin embargo hasta ese momento nuestra lucha era llegar hasta la cima de este maravilloso templo, situado en lo más alto de una colina. Durante la subida nos pusieron nuestro primer tika (puntito rojo sobre la frente) y nos encontramos a algunos de los monos que dan nombre al templo (aunque en Pashupantinath nos encontramos muchos más). De todos modos si alguien quiere evitar las escaleras solo debe advertir al taxista que lo deje directamente arriba del templo.






A pesar de que el hinduismo es la religión imperante con absoluta mayoría en Nepal, existe un importante núcleo de budistas. Buena parte de estos provienen del Tibet. Precisamente este templo es lugar de budistas tibetanos. Según su religión deben rodear la estupa en el sentido de las agujas del reloj, recorriendo con las manos las hileras de ruedas de oraciones, cada una de ellas con el mantra sagrado inscrito.



Aunque el recinto iba más allá de la imponente estupa. Numerosos templos impregnaban el lugar de un aura espiritual importante, con numerosos rituales ubicados en cualquier esquina.




Tras el regateo de un nuevo taxi nos marchamos hasta el próximo destino: Patan, una ciudad situada en el valle de Kathmandú, a escasos kilómetros de la capital nepalí. La Plaza Durbar de Patan resultó ser mucho más espectacular que la de Kathmandú y decidimos sentarnos en uno de sus templos, solo para ver el movimiento de la ciudad. Y es que las idas y venidas de los nepalíes vistas desde cualquier escalón eran muy significativas del día a día de los habitantes de Nepal.





Antes de volver al hotel para darnos una ducha decidimos llamar al aeropuerto, tal y como nos habían aconsejado. La recepcionista de nuestro nuevo hotel de Patan llamó y nos avisaron de que la maleta ya había llegado así que nos fuimos directos al aeropuerto. Este era el primer guiño de suerte de todos los que nos acompañarían durante el viaje.



Enseguida volvimos a Patan. Decidimos pasar la noche en esa maravillosa ciudad porque a la medianoche empezaba una festividad muy importante: el cumpleaños de Krishna, reencarnación de Visnu. Al día siguiente partíamos muy pronto hacia Pokhara así que decidimos esperar hasta que empezase a la medianoche. Cenamos con vistas a la plaza Durbar y fuimos partícipes del ambiente festivo de la ciudad. Las mujeres hacían cola ante el templo de Krishnu para hacerle ofrendas. La Plaza Durbar estaba repleta de ramas que repartían (al estilo a los Domingos de Ramos con las palmas) y las mujeres vestían sus mejores galas para realizar las ofrendas. Sí, también había hombres, aunque estos eran los menos.






¿RECOMENDARÍAS EL HOTEL?

Hotel Cafe de Patan:
El precio fue de 900 NPR. Esta habitación fue la más cara de todo el viaje, siendo una de las peores habitaciones (y la única con el baño fuera). En Patan no hay mucha oferta de alojamiento, pero nosotros decidimos dormir aquí para poder disfrutar de la festividad de Krishna. Precisamente por estos dos motivos creemos que la habitación fue tan cara. Además, curiosamente, fue el único lugar de todo el viaje donde no accedieron a regatear. El precio era fijo. Fuimos a buscar otros alojamientos, pero o bien eran peores que este o bien estaban ocupados. No recomendaríamos este hotel y mucho menos por este precio. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

SALIDA DE ESPAÑA Y LLEGADA A KATHMANDÚ. 18/08/2011-19/08/2011


La espera había sido tediosa. La presión y el estrés de los últimos días de un angosto año laboral hacían que el viaje se convirtiese en esa luz tenue que veíamos cada vez de un modo más intenso. Y así, tras muchas jornadas de preparativos, llegó el día de la partida.

Nos encontramos en el aeropuerto de Madrid cuatro horas antes. ¿Qué hacíamos ya en casa? Preferimos matar las horas juntos en el aeropuerto. Decidimos empaquetar nuestras maletas con aislante negro que trajimos desde Sevilla y facturar pronto. Salíamos con British Airways y en Londres hacíamos nuestra primera conexión, aunque a pesar de que eran compañías diferentes nos facturaron hasta el destino final: Kathmandú. El vuelo fue tranquilo, pero salimos con dos horas de retraso. Ahí empezaba nuestro primer inconveniente. Teníamos tres horas entre un vuelo y otro y además teníamos que cambiar de terminal. Nerviosos empezamos a  correr entre terminales, a la espera de un autobús que no llegaba. Encima nos paran en el control y les da por abrirnos las maletas. 15 minutos de espera angustiante hasta que conseguimos salir.

“¡Corred que ya veo nuestra puerta de embarque!”. Gritaba un de nosotros. Y ya desde lejos vimos en la pantalla: “Puertas cerrando”. Allí nos esperaban cuatro azafatas que nos calmaron: “Tranquilos. Habéis conseguido llegar, pero no vuestras maletas”. Siguiente problema. Habíamos querido llevar todo tan preparado que no habíamos caído en esa posibilidad. Al preparar el equipaje repartimos mudas entre los cuatro, pero no contemplamos la posibilidad de que se perdiesen o retrasasen todas. De todos modos queríamos empezar con buen rollo así que empezamos a reírnos. Al menos nosoros sí que habíamos llegado.

Aún continuábamos asfixiados por la carrera cuando entramos en el avión. La compañía era Kingfisher. En las ocho horas que duró el vuelo hacia Dehli nos dieron dos veces de comer y el resto del tiempo todo lo que se te apeteciera incluido. Incluso los cubatas. ¡Qué placer! Eso sí, muchas de las pantallas se encontraban averiadas.

Justo antes de que el vuelo partiese vino la azafata. “Finalmente han llegado a tiempo las maletas, exceptuando la de Ángela”. "Tendremos con qué cambiarnos al día siguiente", pensamos. Aunque la de Ángela resultó ser la de Joserra, puesto que las etiquetas que pusieron a nuestras maletas no coincidían con los dueños. Así el mal fue menor.

Llegamos a Delhi con media hora de antelación así que la conexión con Kathmandú la hicimos sin problemas. Ya en el aeropuerto indio comenzamos a vislumbrar ciertos destellos chocantes de la cultura asiática. Aunque como luego pudimos comprobar, lo del aeropuerto indio solo era un espejismo. Nos obligaron a pasar mil controles, más que en el viejo continente. ¡Desesperante!

Ya en el aeropuerto de Kathmandú hicimos los trámites del visado (muy sencillos). Solo teníamos que entregar los dos papeles que ya llevábamos rellenos desde aquí.


A continuación decidimos cambiar unos 20 euros por pareja por si íbamos a necesitar algo. Esto no lo recomiendo si no tenéis que coger taxi, es decir, si os vienen a buscar como hicieron con nosotros. El cambio fue de 95 NPR/1 euro, mientras que cuando llegamos a KTM el cambio era de 104/1.

Llegó la hora de pisar suelo nepalí. Mientras Joserra y Ángela solucionaban el tema de la maleta perdida (les dijeron que llegaría al día siguiente en el mismo vuelo en el que acabábamos de aterrizar nosotros), David y yo salíamos en busca de alguien de nuestro hotel que venía a buscarnos. Era la única noche que habíamos contratado, precisamente por la pereza de llegar al aeropuerto, y sin saber qué nos íbamos a encontrar, tener que regatear. 

El camino en taxi fue impactante. ¿Y creíamos que iba a ser imposible encontrar un espacio tan caótico como El Cairo? Nada. La capital de Egipto era de lo más pacífico en comparación con Katmandú. Animales cruzando las autopistas y las calles más céntricas de la ciudad, cableados eléctricos anudados a cada esquina, calles extremadamente sucias… ya nos lo dijeron antes de partir. “Es imposible imaginarlo, hay que vivir aquello para saber de qué os hablo”. ¡Cuánta razón llevaban!



Llegamos al hotel Ganesh, que contaba con magníficas críticas, aunque podría asemejarse a cualquier hostal de nuestro país. Nos dimos una ducha, después de 24 horas 'tirados' por el mundo, y salimos a dar una vuelta por Kathmandú. Era media tarde y decidimos ubicarnos y solucionar los papeleos que teníamos previstos zanjar en la zona de Thamel. Preguntamos en varias agencias y nos quedamos con la que nos ofreció las mejores sensaciones: Rainbow Travels and Tours (rainbowtt@mos.com.np). Allí compramos varias cosas:

  • Vuelo Pokhara-Jomsom: 81 dólares (es un precio fijo, según comprobamos en el aeropuerto de Pokhara cuando fuimos).
  • Autobús KTM-Pokhara: 400 Rupias
  • Tarjetas TIMS y Annapurna Cards: 2.000+1.600 Rupias (nos cobraron 200 rupias de comisión, pero preferimos hacerlo así antes que perder tiempo en ir hasta la oficina correspondiente, que nos cogía lejos).
Nos preocupaba mucho el tema de comprar en las agencias todas estas cosas, pero no supuso ningún problema. Encontraréis cientos de agencias. Todas ellas muy similares y con precios casi idénticos así que no tendréis ningún problema. Si sacáis varias cosas jugad con esa baza y regatead el precio como un pack (algo que aprendimos con los días y que no hicimos ese día).

Ahora tocaba relajarnos. Paseamos por las miles de tiendas y decidimos sentarnos a cenar a un restaurante tibetano con muy buena pinta. Ahí decidimos adentrarnos en la comida nepalí, a la que nunca conseguimos adaptarnos (fue a lo único). El restaurante estaba plagado de españoles, hecho que nos sorprendió. Como también lo hizo el precio de los platos. Todos entre 1 y 3 euros así que decidimos pedir unos 10 platos para probar de todo, entre ellos los momos o las cervezas tibetanas (una jarra enorme ardiendo llena de cebada). Los momos fue de lo poco que nos gustó. 






Esta ocasión fue la primera en la que nos encontramos a la pareja de españoles trotamundos (Barcelona-Toledo), que estaban recorriendo el mundo, y que más tarde veríamos en otros tantos sitios de nuestro periplo por Nepal. Los chicos habían estado en Tailandia, India... venían escuálidos. Con ellos estuvimos charlando un rato hasta que nos llegó la comida.



Estábamos felices. Habíamos llegado a Nepal. Ese país del que tanto habíamos leído y que ahora se presentaba ante nosotros virgen, con todo por descubrir. Esa ilusión del primer día se mantendría el último día del viaje sumado a un sentimiento de tristeza. Estábamos ante el viaje más intenso de nuestra vida.



Llegaba la hora de descansar.


¿Recomendarías el hotel y el restaurante?

Hotel Ganesh Himal:
Al reservar desde España pagamos 16 Euros, precio desorbitado por esa habitación. Por ese precio duermes en uno de lujo en Nepal. Así que si regateáis en el propio país y sacáis algo provechoso (500-700NPR) sí lo recomendaría, pero al precio que nosotros pagamos no. 


lunes, 5 de septiembre de 2011

La vuelta

Hace apenas dos días llegamos a España, después de un viaje repleto de experiencias enriquecedoras. Probablemente hayamos vivido de los días más intensos de nuestras vidas. Ahora hay que dejar reposar todas esas vivencias para poder valorarlas en su máximo realismo.

En los próximos días actualizaremos el blog con un diario de viajes que hemos ido realizando entre todos.

martes, 19 de julio de 2011

¿POR QUÉ TAN LEJOS? ¿POR QUÉ POR LIBRE? PORQUE...

Un mes. Eso es lo que nos queda para adentrarnos en Nepal, en su cultura, sus paisajes, su gente... tendremos 15 días para redescubrir un país que nos ha generado unas expectativas inusitadas hasta el momento. Sí, redescubrir. Porque cuando decides viajar por libre te enfrentas a un arduo trabajo previo de documentación que hace que, en ocasiones, "conozcas el país" antes siquiera de haber estado en él. Eso es lo que nos ha ocurrido en esta ocasión, como en tantas otras.

Y es que muchas personas piensan que el hecho de ir en un viaje organizado es sinónimo de comodidad. ¡Bastantes preocupaciones tenemos que afrontar en nuestro día a día como para ir de vacaciones y estar sufriendo para que todo salga según lo planeado! Esta afirmación es muy común y respetable. Sin embargo, el viajar por libre va mucho más allá. Para mí no significa nada de eso. El viajar de una manera libre supone independencia, aventura, autonomía, cultura, conocimiento en profundidad... y ninguno de nosotros lo entendería de otra manera.

A lo largo de los últimos años hemos cambiado nuestra forma de viajar. De manera progresiva hemos ido tomando soltura y experiencia, aunque siempre a base de fuertes contratiempos que nos han hecho madurar y adquirir experiencias que de otro modo habría sido imposible.

Accidentes con coches alquilados. Redadas policiales en plena calle y ante nosotros. Sentir cómo a las 3 de la mañana, en pleno centro de Asuán -Egipto-, nos persigue un coche entre las sombras de la noche y el vacío de la ciudad. Sentir terror al adentrarnos en un poblado egipcio con un hombre con metralleta tras de nosotros... Podría enumerar decenas de casos más (y otros que nunca reconoceré que pasaron), aunque profundizaré en uno de ellos.

Pongámonos en situación. Rusia. 12 de la noche. Estación principal de San Petersburgo. Falta media hora para tomar nuestro tren rumbo de vuelta a Moscú. Miramos el tablón de información de los trenes y... ¡Sorpresa! Nuestro tren no parece. Nos hemos equivocado de estación. NADIE habla inglés, ni siquiera en las taquillas. Todas las informaciones aparecen con el alfabeto cirílico.


El agobio fue mayúsculo. La presión que sentimos no la olvidaremos nunca. Y es que nos sentíamos en medio de la nada sin forma alguna de comunicarnos. Sin embargo, una hora después ya habíamos conseguido embarcarnos en un tren-litera camino a Moscú. Lo que puede parecer una simple anécdota, va mucho más allá. Esta situación extrema, vivida con tal intensidad como tantas otras en otros tantos viajes, nos otorga una capacidad resolutiva importante. El vivir las experiencias al límite otorga un prisma distinto desde el que mirar las cosas y, por qué no decirlo, sobre cómo vivir la vida.


Y es que no quiero montarme en un autobús plagado de turistas con una guía al frente cual mona loca con micrófono. Quiero montarme en los servicios de línea, interactuar con los autóctonos del país y conocerlos de primera mano y no a través de lo que me cuente la guía. No quiero ir a resorts. Quiero ir a hoteles familiares donde me sienta como en casa, respirando hospitalidad. No quiero que me recojan en los aeropuertos. Quiero sentir el miedo escénico de llegar a un país sin saber nada de él y con la incertidumbre por bandera. En definitiva... Hay tantas cosas que podemos experimentar viajando por libre, que sería imposible describirlas en un texto.

Al margen de todo esto, ¿cuántas veces habremos escuchado eso de 'pero qué se os ha perdido tan lejos con lo bonito que es el norte de España'? Pues sí. Es cierto. El norte es precioso. Tanto como podría ser Praga, París o Londres. Sin embargo la gente no entiende nuestros motivos. El viajar no es solo ver monumentos o pasear por las enormes plazas o avenidas de nuestra vieja Europa o de cualquier otro país occidental. Ahora buscamos más. Buscamos conocer nuevas culturas. Queremos huir de los estereotipos. Queremos recibir una cura de humildad. Queremos admirar la gente que vive 'sin nada', pero que 'tiene todo'. Queremos vivir el hinduismo y el budismo como un crisol de riqueza y cultura. En definitiva, queremos abrir la mente.

¿Por qué Nepal? ¿Por qué por libre? Aún hay muchas más razones...


martes, 5 de julio de 2011

Nepal: literatura y cine

Antes de ir de viaje es aconsejable adentrarse un poco, aunque sea superficialmente, en la cultura de un país a través de su cine y literatura. Por eso, os dejamos un listado de libros y pelis recomendadas por varias fuentes:

Literatura (personalmente me costó encontrar un libro de Nepal de los que me habían aconsejado bien porque estaban descatalogados o tardaban bastante en traértelo)

-Desde el lago del cielo un viaje desde Nueva Delhi al Tíbet y nepal, de Vikram Seth.
-Mi viaje al sur de Asia de Jorge Sánchez.
-Una maestra en Katmandú, Vicky Serpa.
-Anochece en Katmandú: un viaje a Oriente tras los pasos del sueño hippy de Chema Rodríguez (este era mi preferido pero en La Casa del Libro no lo tenían).
-Viaje a las fuentes del Sol, de Antonio Picazo.
-La pupila de Nepal, de Javier Jiménez.

Al final opté por un 'libro para la montaña': El leopardo de las nieves, de Peter Matthiessen.
De esta tipología sí hay varios que merecen la pena como Annapurna.Primer8000, de Maurice Herzorg o Mi camino al Everest de Edmund Hillary.

Cine

-History of Nepal de John Whelpton. Muestra la boda de del dios hindú Ram.
-Caravan, en español se distribuyó con el nombre de Himalaya. Dirigida por Eric Valli. (nominada al Óscar).
-Basantpur, de Neer Shah.
-Mukundo, de Tsering Rita Sherpa.
-El pequeño Buda, de Bernardo Bertolucci (se rodó en Bhaktapur).
-La vida de Buddha
-El nacimiento de Budismo
- Siete años en el Tíbet dirigida por Jean-Jacques Annaud

Cine documental

-Los niños del Nepal. Dirigida por Joan Soler en 2002.
-Nepal. 1998. Producción de Pilot Guides. Reino Unido.
- Carrying the Burden, documental de la BBC sobre la vida de los porteadores.

Si encuentro alguna más iré ampliando la entrada.

jueves, 23 de junio de 2011

Festividades en Nepal. ¿Budistas o Hinduistas?


Mientras estoy con mi anclaje escuchando a Cold Play (quien me entienda que me compre) voy a escribir una nueva entrada en el blog que nos ayudará en nuestros preparativos del viaje a Nepal. Lolott y yo estamos un poco en ‘standby’ en lo que se refiere a la estructuración del viaje. No queremos perdernos nada y estamos estirando al máximo los días que vamos a estar allí a ver si podemos estar en alguna festividad tradicional del país.

A modo de recuerdo (para plantear futuras entradas) viajamos del 18 de agosto al 3 de septiembre y… aún no hemos planteado un plan B para el trekking por si nuestra avioneta hasta Jomsom no despega (porque vamos en época de monzón) entonces la alternativa más factible de la que disponemos es la ruta de Poon Hill (nos hemos comprado de la guía Lonely Planet sólo el trekking que nos interesa por 3,50 euros a través de descarga directa online…). Además, y en relación a las cuestiones que nos faltan por concretar nos quedan los hoteles de Chitwan y qué ver (sobre todo lo imprescindible si en algún momento tenemos que recortar por algún lado). Gracias a las experiencias de otros viajeros estamos cerrando bastantes aspectos que teníamos dudas, así que de antemano GRACIAS. Gracias por dejar vuestra huella en la red, gracias por vuestra ayuda y gracias por vuestros blog, algunos son increíbles pero no quiero citaros no vaya a ser que me deje alguno atrás! J

REESTRUCTURACIÓN ITINERARIO:

Agosto/sept.

Jueves 18: Salida Madrid

Viernes 19: Katmandú

Sábado 20: Katmandú (Festividad en Patán. Krishna Jayanti)

Domingo 21: Pokhara

¿Trekking Jomsom–Trekking Poon Hill?

Lunes 22: Trekking

Martes 23: Trekking

Miércoles 24: Trekking

Jueves 25: Trekking

Viernes 26: Trekking

Sábado 27: Trekking

Domingo 28: Pokhara

Lunes 29: Chitwan

Martes 30: Chitwan

Miércoles 31: Katmandú (Festividad en Katmandú y en todo Nepal. Teej o Hari Taika- La Fiesta de las Mujeres. ***En la imagen superior)

Jueves 1: Katmandú

Viernes 2: Salida Katmandú

Sábado 3: Viaje vuelta

FESTIVIDADES HINDUISTAS: (las dos que nos permite nuestro calendario de viaje)

*Patán la medianoche del 20 al 21 agosto: Krishna Jayanti. Celebración hinduista que conmemora el nacimiento de Krishna cada año. Las principales celebraciones tienen lugar en Krishna Mandir (Plaza Durbar de Patan) y los once santuarios y templos dedicados a Krishna que hay en el Valle de Kathmandú.


El Krishna Jayanti comienza la noche del nacimiento cuando grupos de devotos hacen vigilia en Krishna Templ

o de Patán con lámparas de aceite, cantos y bailes religiosos. Después de la medianoche, empiezan las largas colas de hombres y mujeres alrededor del templo para ofrecer flores, arroz y monedas

a la divinidad y para recibir la bendición roja en la frente, la tika, que marca la presencia divina dentro de la persona. Por todas partes se pueden ver fotografías y dibujos con la imagen de Krishna colgada por las paredes de las calles o en las entradas de templos y mercados anunciando su nacimiento. Aquel día los cuentacuentos cuentan las aventuras y desventuras de la divinidad a miles de atentos espectadores, mientras grupos de devotos en proce

sión pasean por las calles su imagen, adornada para la ocasión, proclamando: "Krishna es dios".

Lo más llamativo son los grupos de devotos de Krishna, especialmente mujeres provenientes de las áreas rurales que ese día madrugan y en peregrinación hasta el Krishna (Templo de Patán), hacen ofrendas de plantas Tulsi mientras danzan y cantan himnos religiosos y tradicionales .

Krishna es uno de los dioses hinduistas más populares de Nepal. Su nacimiento milagroso y, sobre todo, sus aventuras amorosas han arraigado en la imaginación y los corazones de los nepalíes. Krishna es considerado la encarnación de Vishnú, el dios protector que vino a la Tierra para salvar las almas de los hombres. Por ello es considerado como el dios de los tres mundos. También es considerado el gran dios del amor. También se le considera un danzante divino, por lo que su imagen es

representada casi siempre en color azul cielo (simbolizando su conexión con el cielo), tocando una flauta mágica (que se dice que puede llegar a poner en tránsito a sus devotos), y con el brazo derecho alzado (representante que siempre está en acción para mantener en orden todas las cosas del mundo). Normalmente está rodeado por danzantes Gopi y devotos que simbolizan el deseo de unirse con el ser supremo.

*Katmandú el 31 de agosto (Templo Pashupatinath –afueras Kat.): Teej o Hari Taika. Festividad que dura 3 días. Es la ‘Fiesta de las mujeres’. El primer día comienza con una suntuosa comida y una fiesta que dura hasta medianoche, cuando las mujeres inician un ayuno de 24 horas. El segundo día las mujeres comienzan un estricto ayuno que creen que las ayudará a conseguir el marido que desean. La tradición dice que han de participar de esta fiesta y de los ritos todas las mujeres hinduistas casadas y todas las jóvenes en pubertad. Durante toda la mañana y toda la tarde, las calles de los pueblos y ciudades se llenan de mujeres que se dirigen a los templos cantando y bailando, para pedir a Shiva y a su esposa Parvati lo que desean: salud, un matrimonio feliz y próspero, buena suerte y larga vida al esposo, y la purificación de cuerpo y alma. Las mujeres casadas se ponen los saris rojos y dorados de su casamiento y se adornan con las mejores joyas, mientras que las jóvenes solteras se ponen sus vestidos más vistosos.

Después, se mojan las manos o toman un baño ritual en el río Bagmati en honor a sus maridos presentes o futuros y se dirigen al templo donde está el lingam o símbolo fálico que representa a Shiva. Las mujeres hacen una puja (ofrenda) de arroz, pétalos y peces de fruta para invocar a los dioses en favor de los maridos en alguna de las 108 estatuillas fálicas de Shiva que hay en el Templo de Pashupatinath.

El tercer día, las mujeres completan esta puja cuando, bien temprano, ofrecen comida al marido, le lavan los pies y, siguiendo una tradición aún vigente, se beben el agua que queda. Después, las mujeres hacen un último ritual de limpieza, en su casa o junto a los ríos sagrados, para lo que se ponen pasta roja y hojas sagradas por todo el cuerpo y se cepillan los dientes 360 veces.


CREENCIAS EN NEPAL:

La religión domina la vida diaria de los habitantes del Nepal. El 90% de los nepalíes son hindúes, religión oficial del país, pero las prácticas y costumbres budistas están tan arraigadas en la población que los nepalíes han conseguido una especie de síntesis entre ambas creencias. Prueba de ello es que las fiestas hindúes y budistas son celebradas por todos los habitantes independientemente de su fe, y en el valle de Kathmandú se pueden ver templos hindúes y budistas uno junto a otro. Por cierto en esta zona del Nepal hay nada menos que aproximadamente 2700 templos.

Se dice que Nepal es el único reino Hindú en la Tierra, y el rey es considerado como una reencarnación del dios Vishnú. El budismo es practicado por el 5% de la población, especialmente en la zona del Himalaya y por los refugiados tibetanos, mientras que el 3% de los habitantes son musulmanes que habitan en aisladas aldeas cerca del borde fronterizo con India. El 2% restante está formado por cristianos y animistas.

Diferencias:

*Budismo es no teísta (sin Dioses). A diferencia del Hinduismo, el Budismo se puede trazar hasta un único fundador, Siddharta Gautama, el llamado Buda “histórico”. Vivió en la India a mediados del siglo VI a. C. El Hinduismo, por el contrario, es politeísta

*El budismo negó el sistema de castas. Todas las personas son iguales y poseen la naturaleza de Buda.El hinduismo se divide en castas Brahamanes, Khsatriyas, Sudras y los Vaisyas.

*El budismo es antropocéntrico. El hinduismo es teocéntrico.

*El propósito final del budismo es alcanzar la iluminación, un estado de plena tranquilidad mental y felicidad libre del sufrimiento inherente a vivir. El fin del hinduismo es romper con el continuo ciclo de reencarnación (samsara) para entrar a otra existencia permanente y estable.

*El karma en el budismo es una especie de inercia (la ley de causa y efecto). En el hinduismo el karma es "propagado" por lama rash, en formas animadas.

*Los budistas creen en el "renacimiento" (no reencarnación), ya que estos niegan la existencia de un alma o algo permanente dentro de la persona que pueda tomar otro cuerpo al morir. Los hinduistas creen en un alma y en la "reencarnación", una nueva encarnación del alma en un nuevo cuerpo físico.